El voluntariado REIBA es una experiencia que va mucho más allá de la educación tradicional centrada en el aula. En el marco de la Educación Intercultural Bilingüe (EIB), el aprendizaje rompe los muros de la escuela para adentrarse en la vida misma de la comunidad, abarcando sus múltiples dimensiones: la pastoral, la organización comunitaria, la vida familiar y el trabajo en proyectos colectivos. Así, enseñar y aprender no se limita a horarios ni espacios definidos, sino que se convierte en una vivencia integral y compartida.
Al tratarse de una educación presente las 24 horas del día, los 7 días de la semana, la EIB se constituye en una riqueza invaluable para la preservación de saberes ancestrales, valores y expresiones culturales propias de cada pueblo. Cada momento cotidiano —una conversación, una celebración, una jornada de trabajo— se transforma en una oportunidad para transmitir conocimientos y fortalecer la identidad cultural. En este sentido, quien conoce, valora y enseña su propia cultura, aprende también a respetar la diversidad cultural del mundo. Por ello, es tarea de todos cuidar nuestra identidad sin dejar de reconocer y valorar las demás.
En este proceso, todos son protagonistas. La comunidad entera participa activamente en la formación de las nuevas generaciones, especialmente aquellas personas que conocen profundamente su cultura y valoran su identidad. Ellos, reconocidos como “diccionarios andantes”, son portadores vivos de la memoria colectiva, guardianes de la lengua, las tradiciones y la sabiduría que dan sentido a la vida comunitaria.
Sin embargo, la EIB no se limita únicamente a lo propio. Su carácter intercultural invita también a abrirse al conocimiento del mundo externo, generando un diálogo enriquecedor entre culturas. De esta manera, se promueve una educación que no solo preserva la identidad, sino que también prepara a las personas para interactuar con otros contextos, fortaleciendo el respeto, la comprensión y la convivencia.
Desde REIBA, la Amazonía no se entiende solo como una región geográfica, sino como un espacio vital para la coexistencia del mundo. En ella se aprende a respetar la naturaleza, a convivir con ella tomando solo lo necesario y a compartir con quienes nos rodean. Esta visión se conecta profundamente con el llamado a construir un mundo más justo y solidario, como lo expresa la intención mensual de mayo del papa León: “por una alimentación para todos”. Así, la vivencia comunitaria amazónica se presenta como un ejemplo de equilibrio, sostenibilidad y fraternidad.
REIBA, en este sentido, se convierte en una experiencia transformadora tanto para quienes acompañan como para quienes reciben este proceso educativo. Es una apuesta por una educación viva, comprometida y profundamente humana, donde aprender es, ante todo, compartir la vida y construir juntos un futuro basado en el respeto, la identidad y el cuidado de la casa común.