Quito, Ecuador – 27 de julio de 2026

La mañana de este 27 de julio marcó un momento de profunda alegría y esperanza para el pueblo waorani y para REIBA. Cinco jóvenes universitarios defendieron exitosamente su tesis, centrada en la sistematización de experiencias en torno a la Educación Intercultural Bilingüe (EIB), culminando así una etapa de formación que representa mucho más que un logro académico: es un compromiso con la vida, la cultura y el futuro de su pueblo.

Un hecho especialmente significativo de esta jornada fue que la defensa de sus tesis se realizó en waotededo, la lengua propia del pueblo waorani. Este acontecimiento constituye un valioso reconocimiento a la riqueza lingüística y cultural de este pueblo, y demuestra que el conocimiento científico y académico también puede expresarse desde las lenguas originarias, dignificando los saberes ancestrales y fortaleciendo la identidad de quienes los preservan.

Maritza Caigua, Maycol Coba, Mintoque Orengo, José Yate y Milton Boya son el rostro de una nueva generación de docentes que ha decidido responder con generosidad al llamado de servir a su comunidad desde la educación. Con dedicación y perseverancia, se han preparado para promover, valorar y fortalecer la Educación Intercultural Bilingüe, una herramienta esencial para preservar la lengua, las tradiciones, la cosmovisión y los saberes ancestrales del pueblo waorani.

Este logro adquiere un valor aún mayor al reconocer los desafíos que muchos estudiantes indígenas enfrentan durante su formación universitaria. Para quienes tienen el castellano como segunda lengua, acceder a estudios de pregrado supone recorrer un camino con barreras lingüísticas, metodológicas y culturales que exigen un esfuerzo adicional. Sin embargo, experiencias como esta demuestran que, cuando las instituciones educativas, las comunidades, las organizaciones y las personas comprometidas caminan juntas, estas limitaciones pueden ir transformándose en oportunidades. Construir una educación verdaderamente intercultural implica adaptar metodologías, valorar las lenguas originarias y generar condiciones de mayor equidad para que cada estudiante pueda desarrollar plenamente sus capacidades sin renunciar a su identidad.

En este proceso ha sido especialmente valioso el aporte de la Lic. Sandra Robillard, asesora de Educación Intercultural Bilingüe y del módulo de Castellano como Segunda Lengua, quien desde el año pasado ha acompañado metodológicamente a los estudiantes en el fortalecimiento de sus competencias comunicativas. Su labor ha trascendido la enseñanza del castellano, promoviendo también que el waotededo ocupe con legitimidad los espacios académicos y profesionales. Gracias a este acompañamiento, los estudiantes han fortalecido sus habilidades para expresarse con seguridad tanto en castellano como en su lengua materna durante exposiciones, presentaciones y otros escenarios profesionales, demostrando que ambas lenguas pueden dialogar y complementarse en una educación verdaderamente intercultural.

Ser docente en un contexto intercultural implica mucho más que enseñar contenidos. Significa convertirse en puente entre generaciones, custodiar la memoria colectiva y transmitir, de manera pedagógica y metodológica, los conocimientos que los mayores han conservado durante siglos. Cada aula será un espacio donde la identidad se fortalezca, donde la lengua materna siga viva y donde las nuevas generaciones aprendan a valorar sus raíces mientras desarrollan las competencias necesarias para desenvolverse en el mundo actual.

Este camino no ha sido recorrido en solitario. A lo largo de estos años, las Hermanas Lauritas y las voluntarias de REIBA —Gabriela Valdiviezo, Isabel Laguna, Martha Chávez, Yolanda Huamancondor y Mariela Gutiérrez— han acompañado muy de cerca este proceso formativo. Con entrega, paciencia y espíritu de servicio, han animado, orientado y compartido sus dones con estos jóvenes, siendo testigos de su crecimiento humano, profesional y espiritual.

Cada persona que ha formado parte de este proceso ha contribuido a hacer realidad una educación que reconoce la diversidad como una riqueza. La formación académica, el acompañamiento humano y el fortalecimiento de las lenguas han permitido que estos nuevos profesionales lleguen a este momento con mayores herramientas para servira sus comunidades y responder a los desafíos de la Educación Intercultural Bilingüe.

Su presencia ha sido una expresión concreta del Evangelio, que invita a caminar junto a los pueblos, reconociendo la dignidad de cada cultura y promoviendo una educación que libera, fortalece la identidad y construye fraternidad. Educar también es un acto de amor cristiano, porque significa creer en el potencial delas personas, sembrar esperanza y trabajar para que cada comunidad pueda escribir su propia historia con autonomía, sabiduría y fe.

La Educación Intercultural Bilingüe representa una oportunidad para que los conocimientos ancestrales dialoguen con los saberes contemporáneos, enriqueciendo ambos y formando ciudadanos comprometidos con el cuidado de la creación, la justicia y el bien común. En las manos de estos nuevos profesionales descansa la misión de inspirar a niños, niñas y jóvenes para que se sientan orgullosos de ser waoranis, valoren su herencia cultural y continúen transmitiéndola a quienes vendrán después con rigor pedagógico, sensibilidad intercultural y profundo respeto por su pueblo.

Hoy celebramos no solo una defensa de tesis, sino el nacimiento de nuevos líderes educativos que han decidido poner sus talentos al servicio de su pueblo. Este acontecimiento es también un signo esperanzador de que una universidad más inclusiva e intercultural es posible cuando se reconoce el valor de las lenguas indígenas, se acompaña con cercanía a los estudiantes y se construyen puentes entre diferentes formas de comprender y enseñar el mundo.

Felicitamos de corazón a Maritza, Maycol, Mintoque, José y Milton por este importante paso. Que Dios siga guiando sus vidas y su vocación de servicio, concediéndoles sabiduría, fortaleza y alegría para educar con amor, preservar la riqueza cultural del pueblo waorani y ser luz para las nuevas generaciones.

Porque cuando un educador forma con identidad, amor y fe, no solo transforma una escuela: ayuda a preservar la historia de un pueblo y abre caminos de esperanza para el futuro.